LA CARÁTULA

PRESENTA

 

 

 

DOM JUAN

DE

 

MOLIÈRE

 

 
 
 
DIRECCIÓN DE ANTONIO GONZÁLEZ BELTRÁN

 

 

 

 

Distribución: Andrés González Sánchez

C/Mariano Luiña,11-8º-1ª

03201 Elche

Tfnos: 966 67 40 12/ 965 43 70 94

Móvil: 649 91 21 47

E-mail: lacaratula@lacaratulateatro.com

Página web: www.lacaratulateatro.com

 

 

Dom Juan

 

 

 

o

 

 

El convidado de piedra

 

 

 

 

 

Comedia

 

de

 

Jean-Baptiste Poquelin

 

MOLIÈRE

 

 

Dirección

 traducción y versión

Antonio González Beltrán

 

Dom Juan

Molière es sin lugar a dudas el más representativo del espíritu mediterráneo de entre los autores llamados clásicos; en este caso del siglo XVII.

Su inicial formación callejera, de la mano de su abuelo, ante los escenarios del Vieux Pont en París, su crecimiento durante las giras por el Midi francés con los Bejart, su contacto con los cómicos italianos, sus propias inclinaciones estéticas e ideológicas le confieren una personalidad particular.

Actor, director, autor y empresario, dominará todos los resortes del campo escénico.

Procedente de la burguesía con oficio palaciego, prefiere mezclarse con el pueblo llano y, más aún, con los excomulgados cómicos sin derecho a entierro en sagrado.

Sin embargo, a pesar de las intrigas de los “devotos”, alcanza el favor del Rey Sol, que llegó a ser el padrino de su hijo. Esto no le impide ver sus obras prohibidas o apartadas del público.

Una de esas prohibiciones es el origen de nuestro Dom Juan.

Tartufo es prohibida a la tercera representación. La compañía se queda sin trabajo y Molière se pone rápidamente a la faena. Hay que encontrar un título que dé de comer a sus gentes. Están de moda las comedias de magia – à machine-, con gran aparato escénico; está de moda el tema del mito de don Juan, venido de España, puesto en boga por los italianos y que los franceses Villiers y Dorimond retomaron en esos momentos. Así es que ahí vamos.

En tres días, sin demasiados escrúpulos por algún que otro plagio, Molière escribe una de sus obras fundamentales: Tartufo, El Misántropo, Don Juan.

Si hay que justificar las tres unidades del teatro clásico francés lo hará en el plano teórico, pero se las saltará en la práctica. No hay más límites que la necesidad perentoria de comer, y el genio se desata.

Y aparece un dúo de personajes, que en realidad podrían ser las dos caras de uno sólo: el mismísimo Molière, airado contra los hipócritas, contra la desfachatez de los que se amparan bajo un manto de falsa virtud para cometer las más grandes tropelías. Es su venganza contra aquellos meapilas, contra aquella “cabale” que consiguió prohibir el Tartufo, y que ven ahora cómo nuestro autor vuelve a triunfar con una obra todavía más lacerante para ellos. Dom Juan será también apartada de los escenarios a pesar del éxito de taquilla, o quizás a causa de él. Ni siquiera será incluida en sus obras completas.

¿Qué es Dom Juan?

Evidentemente, no es sólo el “conquistador” que conocemos por el mito –con más carga religiosa en Tirso, más superficial en Zorrilla-. El de Molière es mucho más peligroso socialmente. Es el que desde una posición de descreimiento materialista

-yo sólo creo que dos y dos son cuatro- tira de la manta y hace caer de bruces todo el tinglado de las apariencias sociales. Y van cayendo como ídolos de pies de barro valores tenidos como intocables: la autoridad paterna, las creencias religiosas, la virtud, la honradez...

Pero lo más irritante para aquella “cabale”, para aquellos falsos devotos, es que la única defensa de esos valores será encargada por el autor al criado inculto y torpe; de manera que resulta una burla hiriente.

Y todavía hay una clave mucho más esclarecedora de lo que piensa Molière, donde el autor se nos muestra más inquietante, y es en la escena del mendigo, donde Don Juan se niega a darle limosna “por el amor de Dios”, sino “por amor de la Humanidad”.

Es la vuelta al humanismo, pero no ya al renacentista sino al libertino. No olvidemos que Molière acudía a clandestinas reuniones con Descartes y que era alumno de Gassendi. Así considerado, nuestro autor estaría en el arranque de la corriente librepensadora que sacará a Europa definitivamente del oscurantismo teocentrista, papanatas y retrógrado, aunque lamentablemente aún quede algún adepto con demasiado poder. Estos, como aquellos de la “cabale”, caracterizados por esa hipocresía que tanto irritaba a Molière.

Este montaje quiere ser un homenaje a las gentes de teatro de Elche, con incorporaciones en el reparto de actores y actrices de otras compañías y la presencia de ex alumnos de La Carátula Jove.

 

Antonio González Beltrán