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1964-2004
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fiestacultura
REVISTA ESPECIALIZADA EN TEATRO DE CALLE Y FIESTA

Aniversarios teatrales __ Josep-Lluís Sirera

Proliferan últimamente en la Comunidad Valenciana los aniversarios de grupos teatrales. En su gran mayoría no superan el cuarto de siglo porque, la verdad sea dicha, el teatro valenciano contemporáneo tiene unas raíces que no se remontan más allá de las primeras elecciones municipales democráticas, en 1979, cuando tras décadas de incuria, las instituciones públicas se tomaron en serio (para bien o, según algunos, para menos bien) que el teatro era una manifestación cultural a preservar y difundir.
     Hay excepciones, sin embargo. Si dejamos a un lado algunos grupos de aficionados, cuya longevidad va acompañada frecuentemente de una actividad irregular o esporádica, la más relevante, la del grupo decano: La Cazuela de Alcoi, que celebrará sus bodas de oro en el presente año. Y en segundo lugar, La Carátula de Elx, que celebró en el anterior su cuarenta aniversario, con la salvedad, importante, que si el grupo alcoyano es más historia que presente, La Carátula goza hoy por hoy de una envidiable salud y viene, por ello, a erigirse en el grupo en activo (de entre de los de vocación profesional, insisto) más antiguo en nuestro País.

     Claro está que si su único mérito fuese este, no me hubiese detenido a dejar constancia de él. En efecto: quienes nos dedicamos a historiar el teatro valenciano contemporáneo sabemos que el grupo jugó en su momento un papel fundamental en la recuperación del tono vital del teatro en Elche. De forma directa o indirecta, movilizó energías y vocaciones que han ido cuajando en una nómina importante de actores y directores en activo. Su sala fue, además, punto de encuentro, centro de formación y local donde recalaban compañías alternativas e independientes.

 

     Más aún, desde muy pronto, La Carátula, con Antonio González a la cabeza, supo ser coherente con una estética que descansaba en dos principios: el primero, una reivindicación del teatro de texto desde unos presupuestos no realistas. El segundo, la investigación de las fronteras entre el teatro y otras manifestaciones espectaculares (singularmente, la danza) y literarias (tanto poéticas como narrativas). Explica esto la nómina de dramaturgos que han sido montados por el grupo; valgan como ejemplo unos cuantos nombres: Bertolt Bretch, Paco Nieva, Alberto Miralles, Jerónimo López Mozo, Carlos Edmundo de Ory, Michel de Ghelderode, Rodolf Sirera, Carlos Muniz, Georg Büchner, León Felipe...

   Es verdad que el grupo ha prestado aparentemente poco interés al teatro de calle, pero también lo es que algunas de sus propuestas de interrelación de lenguajes aportan experiencias aprovechables para este género. Más aún: el impacto que para el grupo supuso el descubrimiento de la narración oral escénica no se circunscribe al ámbito de la propia práctica teatral, o al de la gestión teatral (el grupo es el organizador, y motor, del Festival sobre narración oral escénica que anualmente se celebra de forma itinerante), sino que es también una puerta abierta a nuevas concepciones de teatralidad. Unas concepciones en las que el espacio acotado (sea en forma de local de caja italiana o de cualesquiera otras) retrocede en provecho de una disposición mucho más flexible: no en vano, una parte importante de las performances de los narradores orales tienen lugar en espacios abiertos, calles o plazas.


     Esta es precisamente la expericiencia que recoge La Carátula que le sirve par aponer en pie algunos de sus espectáculos más recientes, con los que, por cierto, han recorrido no solo el territorio español sino también una parte importante de Latinoamérica. Unos espectáculos que les han servido para experimentar con nuevas formas de construcción dramática (más flexible, más abierta, que las tradicionales), de trabajo actoral (ya que el narrador oral no pierde nunca de vista su carácter de transmisor de historias, un poco al estilo del juglar medieval) y, finalmente, de captación del interés de los espectadores, a los que hay que renener en un espacio abierto, es decir: en un marco en el que lo más fácil es que el espectador disperse su atención o se desentienda sencillamente de lo que se le propone... Rasgos todos ellos que comparte, como creo que es obvio, con el teatro de calle.
     TEniendo, pues, en cuenta, que el grupo ilicitano se encuentra inmerso de lleno en una línea de trabajo tan apasionante, ¿nos puede extrañar que la celebración de su cuarenta aniversario fuese algo más que un ejercicio de nostalgia? Y es que La Carátula tiene cuerda para rato...
   


 

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